Níjar mira al mar desde lejos. La villa blanca se recoge bajo la torre de La Atalaya, entre talleres de cerámica y telares de jarapas, mientras el término baja hasta el Cabo de Gata: calas de arena oscura entre paredes de lava, un poblado minero que vivió del oro y 26 núcleos que celebran, cada uno, su propia fiesta de verano.
ESPAÑA