Casares se descuelga en casas blancas por un peñón, bajo los restos de su castillo, y sus calles empinadas piden calzado cómodo. Aquí nació Blas Infante y aquí cuidan su memoria. Desde los miradores se ven el Mediterráneo, Gibraltar y, con buen día, África, mientras los buitres leonados de Sierra Crestellina vuelan sobre el valle.
ESPAÑA