Un castillo que preside el casco y una calle principal de fachadas señoriales que recuerdan su pasado latifundista. Hoy viven aquí unas 1.570 personas, frente a unas 5.000 en los años sesenta: muchos cañeteros emigraron a Cataluña. Por eso la feria de agosto es también la fiesta de los que vuelven, con Nochevieja incluida.
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