Castril vive a los pies de una peña caliza de casi 100 m, con el río abajo y la sierra detrás. Entre los siglos XVI y XIX fue pueblo de vidrio soplado, y desde 1546, por lo menos, corre toros en octubre en su plaza, cerrada con tablados de madera y sogas de esparto. A los de aquí se les llama castrileños y castrileñas.
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