Alhama vive asomada al vacío: las casas del barrio árabe acaban donde empieza el tajo, y abajo quedan el río y los restos de los viejos molinos. Es pueblo de agua caliente desde los romanos, de candelas por la Candelaria y de máscaras jameñas de trapo en Carnaval, cuando se oye por las calles el «¡Uy, qué torpe, que no me conoces!».
ESPAÑA