A Lucena la llamaron la Perla de Sefarad por su pasado judío, y aún conserva la necrópolis de aquella ciudad. Luego vinieron el castillo donde, según se cuenta, estuvo preso Boabdil, las iglesias barrocas y el barrio de la Barrera, ligado al fandango. Desde lo alto de la Sierra de Aras, el santuario de la Virgen de Araceli mira a cinco provincias.
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